Todos sabemos que nos gusta perder el tiempo, porque está en nuestra naturaleza y lo necesitamos. Hacer algo que resulte positivo dentro del aburrimiento es un don que muy poca gente tiene, y yo no me considero un posible candidato, ni mucho menos.
Uno de los pasatiempos favoritos -descontando los extinguidos crucigramas- es leer revistas, y sólo los dioses saben cuánta vida útil nos han quitado. Y otro de las formas actuales de quemar nuestro cerebro sin darnos cuenta es ver la televisión que, por cierto, también hay algunos que se resisten a ella muy sabiamente. Las series de televisión están de moda, y las hay mejores o peores; pocas marcan una época como solían hacer las de los 80/90.
Sí, no estaban tan curradas en argumento ni tenían tanto presupuesto como las más recientes, pero quién no recuerda "Baywatch" con cariño (al menos "dos importantes razones"), o no disfrutaba con las peripecias del "Equipo A" o las deducciones horripilantes y surrealistas de Jessica Fletcher.
Pero si hablamos de series vomitivas, es difícil recordar alguna en concreto (¡incluso los Power Ranger tenían su puntillo!). Así que si no se os viene ninguna a la cabeza, proponemos una que os dará arcadas hasta que no tengáis más remedio que ir al servicio.
Basándonos en el nivel de exigencia de las series actuales, las que cuando se ven reducidas mínimamente su índice de audiencia quedan canceladas de por vida, consideramos que "Pretty little liars" es, posiblemente, la peor serie de la historia.
Voy a dar mis argumentos, que pueden ser válidos o no. Las
diez razones de peso por las que recomiendo esta serie tanto como un dolor de muelas son...