Precisamente hace una semana hablaba con buenos amigos sobre Shinjuku. Para los amantes de la capital japonesa, este distrito es de sobras conocido por ser el centro administrativo de Tokyo, con esos edificios de vértigo que nada tienen que envidiar a los de la Gran Manzana. Pero sobre todo, dentro de los conocimientos culturales de cualquiera, Shinjuku, y más concretamente, el barrio de Kabuki, es el hogar de la mafia japonesa: la Yakuza.
Es cierto que para quien conozca bien la zona, Kabuki-cho no deja de ser otra área curiosa que el extranjero debe visitar en su visita a Tokyo, siempre y cuando la prudencia sea el objetivo preponderante en nuestro itinerario. Efectivamente, la mafia campa a sus anchas y coexiste sin disimulo junto con la amalgama de culturas del barrio, con sus "furio" controlando visiblemente el territorio y con la aparición de algunos grupos sospechosos de hombres trajeados a la entrada de algún local nocturno con acceso prohibido a extranjeros.
Dentro de la descripción de esos carteles que advierten que no seremos bien recibidos, se incluye también a la comunidad china, a la que todavía hoy día (aunque no en tanta medida o quizá mejor disimulada) se la culpa de la corrupción y de una inmigración masiva camuflada bajo un velo de indiferencia o, como hemos dicho, de una capacidad innata de los japoneses por disimular su desconfianza.



.jpg)