Hablaba hace poco con un amigo del tipo de películas que te dejan un eco especial en el paladar. Suelen ser films bastante peculiares que, descritos en frío, jamás llamarían la atención. Pues bien, uno de esos es Una Canción del Pasado, del director Shainee Gabel.
Estamos ante una obra de argumento sencillo, bastante lineal, y ritmo lento. Vamos, todo un conjunto de despropósitos gracias a los cuales Gabel construye un bálsamo que lejos de aburrir fascina al espectador.

