Si hay algo que defina a Japón son los samuráis, de los que Kenshin os presentó sus orígenes hace unos días. Y si hay un nombre que resuena más que cualquier otro en ese mundo es el de Miyamoto Musashi. Hijo de samurái, vagabundo, portento físico y de la espada, guerrero imbatible y, en el tramo final de su vida, artista consumado, hábil estratega y maestro creador de nuevos estilos de combate su vida bien podría ser un guión de cine. La estela de su leyenda recorre buena parte del ideario nipón sobre su época. La figura de Miyamoto Musashi se hace presente en infinidad de propuestas, desde el Yaiba! de Gosho Aoyama, a cameos videojueguiles en Dinasty Warriors o Soul Calibur u homenajes desde el otro lado del Pacífico, como Usagi Yojimbo.
CRÍTICAS DE CINE
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