Ayer volví a ver Scott Pilgrim contra el mundo y me reafirmo en las sensaciones que ya me produjo cuando fui de los pocos afortunados que logró verla en el cine (gracias al mono amaestrado que gestionó la distribución de la película, cúmulo de despropósitos que da para otro post): estamos ante una oda a la cultura del ocio electrónico como pocas veces se ha visto. Hay quien ha dicho que es una película adelantada a su tiempo, un clásico moderno o, simplemente, una película del montón. Yo lo único que sé es que, como le pasa al cómic en el que se inspira, Scott Pilgrim contra el mundo tiene la virtud de expresar como pocas el ambiente de la primera década de dle siglo XXI. Desenfadada, frenética y sin pretensiones. Pura delicia visual vagamente real.
CRÍTICAS DE CINE
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