Vuelvo cansado y perjudicado de una escapada de fin de semana. Plantarse en medio de Figueres en pleno temporal de frío siberiano, con gélidas rachas de viento camino al hotel y una noche de vómitos y diarreas, a lo que hay que sumar el viaje de vuelta en Renfe, sin dormir y sin poder hacer movimientos bruscos no predispone a la alegría, precisamente. Vamos, que ahora mismo me cago (literalmente) en el frío siberiano y en la madre que lo parió...
Digo esto porque pese a todo ha sido un fin de semana bonito y me siento con el sentido del humor suficiente como para dedicar mi friolera entrada de hoy a nada más y nada menos que Yatta!. Si no sabéis de lo que hablo, pido perdón por adelantado.


