Hoy es un día como cualquier otro. Me levanto, paseo a la pequeña bola de pelo a la que llamo perro, me preparo un café y me siento a echar un vistazo al mundo antes de ponerme a trabajar. Hasta aquí todo bien. La sorpresa llega con esta foto:
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Un ligero escalofrío recorre mi columna: el Ciervo Blanco en carne, huesos y pixels. Una de las imágenes de cabecera de cualquier lector de fantasía o de literatura medieval, ante mis ojos. Vale que es un ciervo albino de infantería, pero la imagen bien vale una reflexión sobre el mito. Al menos mientras me acabo el café...



